Mostrando entradas con la etiqueta Jesús sana. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Jesús sana. Mostrar todas las entradas

domingo, 17 de septiembre de 2017

Mateo 8:1-17 – Jesús tiene autoridad sobre las enfermedades


Después que Jesús termina de enseñar en el monte, baja para seguir su camino, pero mucha gente le sigue todavía. Jesús usa este tiempo para demostrar su autoridad sobre las enfermedades y cumplir una profecía de Isaías.

Paralelos: Marcos 1:40-45; Lucas 5:12-14

Cuando Jesús bajó (descendió) de la montaña, lo siguieron (acompañar, ir por el mismo camino) grandes multitudes. Un hombre que tenía lepra se le acercó y se arrodilló (adorar; lamer la mano de su dueño, como un perro) delante de él.

―Señor, si quieres (deseas, te complace), puedes (eres capaz de) limpiarme —le dijo.

[Jesús] extendió la mano y tocó al hombre.

―Sí quiero (deseo, me complazco) —le dijo—. ¡Queda limpio!

Y al instante quedó sano (limpio) de la lepra.

―Mira, no se lo digas a nadie (ninguna persona) —le dijo Jesús—; solo ve (retírate), preséntate (muéstrate) al sacerdote, y lleva (dale, entrega) la ofrenda (el sacrificio) que ordenó (estableció) Moisés (Levítico 13 y 14), para que les sirva de testimonio (evidencia).

¿Qué pasa cuando Jesús baja de la montaña? ¿Por qué le sigue tanta gente?

¿Por qué se arrodilla el leproso ante Jesús? ¿Qué le pide? ¿Qué declara?

¿Qué hace Jesús? ¿Por qué? Marcos: Jesús sintió compasión.

¿Qué pasa con la lepra?

¿Qué le ordena Jesús al hombre? ¿Por qué?

Marcos: El hombre cuenta todo y Jesús no puede entrar abiertamente a los pueblos.

Jesús le pide también que cumpla las normas religiosas de la época. ¿Por qué?

Según lo que dice Jesús, ¿quién estableció esas normas? ¿Por qué no dice Jesús que fue Dios – su Padre – quién estableció estas leyes? ¿Para quienes eran estas leyes? ¿Son todavía válidas para el resto de los creyentes?

Paralelo: Lucas 7:1-10

Al entrar Jesús (él) en Capernaúm, se le acercó un centurión (capitán romano de 100 soldados) pidiendo (invocando, implorando) [ayuda] (y diciendo:…).

Lucas: El centurión envía a unos ancianos, quienes le piden a Jesús que le conceda el pedido, pues el centurión les ha apoyado con su sinagoga. Después el centurión manda a unos amigos, pero no viene.

¿Por qué la incongruencia entre Mateo y Lucas? Lucas, como médico que era, fue probablemente más exacto con los detalles que Mateo. Mateo probablemente interpreta a los enviados como siendo directamente el centurión, debido a su autoridad y omite los detalles que Lucas incluye.

―Señor, mi siervo (gr. pais: esclavo o siervo, menor de edad) está postrado (tirado) en casa (gr. oikos: familia) con parálisis (paralítico), y sufre terriblemente (muy atormentado, torturado).

―Iré a sanarlo (liberarlo de la enfermedad) —respondió Jesús.

―Señor, no merezco (soy competente, digno de) que entres bajo mi techo. Pero (En cambio) basta con que digas [una sola] palabra (gr. logos), y mi siervo (gr. pais: esclavo o siervo, menor de edad) quedará sano (curado). Porque yo mismo soy un hombre sujeto a órdenes superiores (gr. exousia: autoridad, influencia delegada), y además tengo soldados bajo mi [autoridad]. Le digo a uno: “Ve (Viaja)”, y va (viaja), y al otro: “Ven”, y viene. Le digo a mi siervo (gr. doulos: esclavo): “Haz esto”, y lo hace.

¿Qué le pasa el siervo? ¿Por qué el centurión desea su sanidad? Lucas: el siervo estaba a punto de morir. El centurión lo estimaba mucho.

¿Qué le responde Jesús?

¿Por qué se opone el centurión a que Jesús vaya a su casa? ¿Cómo explica él su fe en la autoridad de Jesús?

Al oír esto, Jesús se asombró (maravilló) y dijo a quienes lo seguían (acompañaban, iban por el mismo camino):

―Les aseguro (De cierto/Amén les digo) que no he encontrado en Israel a nadie que tenga tanta (tan vasta, tal cantidad de) fe (convicción). Les digo que muchos vendrán (llegarán, estarán presentes) del oriente (de dónde sale el sol) y del occidente (de dónde se pone el sol), y participarán (se sentarán, recostarán) [en el banquete] con Abraham, Isaac y Jacob en el reino de los cielos. Pero a los súbditos (hijos) del reino (de la realeza) se les echará afuera (expulsará), a la oscuridad (exterior), donde habrá llanto (lamentación) y rechinar de dientes.

¿Por qué se asombra Jesús? ¿Qué no ha visto Jesús entre los judíos?

¿De qué en el reino de los cielos habla Jesús? ¿Qué dice sobre los presentes? ¿Por qué muchos judíos serán echados fuera del banquete? ¿Qué les falta?

Luego Jesús le dijo al centurión:

―¡Ve (Retírate)! Todo se hará (será generado, hecho) tal como (de la manera) creíste (en que has tenido fe, has confiado).

Y en esa misma hora aquel siervo (gr. pais: esclavo o siervo, menor de edad) quedó sano (curado).

¿Qué le dice Jesús al centurión? ¿Qué causó la sanidad del siervo? ¿Cuándo quedó sano?

Lucas: al llegar los enviados, encuentran al siervo sano.

Paralelos: Marcos 1:29-34; Lucas 4:38-41

Cuando Jesús entró en casa de Pedro, vio (supo) a la suegra de este en cama (tirada), con fiebre (ardiendo). Le tocó la mano y la fiebre (inflamación) se le quitó (se fue); luego ella (y) se levantó y comenzó a servirle (lo atendió).


Marcos y Lucas: Jesús se encontraba en una sinagoga antes de salir para donde Pedro. Lucas: la fiebre era muy alta. Jesús reprende la fiebre.


¿Qué implica el hecho de que Pedro tuviera una suegra? Solo de Pedro sabemos que estaba casado. No sabemos nada sobre su esposa. Puede que haya sido una de las mujeres que seguían a Jesús.  

¿Qué pasa cuando Jesús llega a casa de Pedro? ¿Qué tan mal estaba la suegra de Pedro? ¿Qué hace Jesús? ¿Qué hace la suegra después de ser sana?


Al atardecer (Cuando se volvió de noche), le llevaron (trajeron) muchos endemoniados, y con una sola palabra (gr. logos) expulsó (echó fuera) a los espíritus (demonios), y sanó (liberó – de enfermedad) a todos los enfermos (poseídos). Esto sucedió para que se cumpliera (completara) lo dicho por el profeta Isaías (Isa. 53:4):


«Él cargó  con (tomó) nuestras enfermedades (debilidades)
    y soportó (cargó, sostuvo, aguantó) nuestros dolores (enfermedades)».

¿Qué pasa en la casa de Pedro al atardecer? ¿Por qué la gente le lleva a los enfermos y endemoniados?

¿Cómo libera Jesús a la gente de los demonios y enfermedades? Según el texto, ¿hay enfermedades relacionadas a los demonios?

¿Qué profecía dada unos 500 años antes de Jesús se cumple según Mateo? ¿A qué momento en la vida de Jesús se refiere Isaías?

Marcos y Lucas: Jesús no deja hablar a los demonios porque sabían quién era. Lucas: Jesús sana poniendo las manos sobre las personas.

¿Cómo sanó Jesús, según Marcos y Lucas?

¿Qué nos dejaba Jesús que los demonios hicieran? ¿Por qué? ¿Cuál era el objetivo de que no declararan que él era el hijo de Dios? ¿No era luego eso a lo que había venido, para que todos supieran que él era el hijo de Dios?

viernes, 27 de junio de 2014

Juan 5:1-17 – Jesús y el legalismo sobre el día de descanso

Continuamos con otro de los milagros de sanidad hechos por Jesús, pero esta vez el punto principal del pasaje se enfoca en el legalismo de los religiosos en cuanto al día de descanso (sea el sábado o el domingo).

Algún tiempo después, se celebraba una fiesta (festival) de los judíos, y subió Jesús a Jerusalén. Había allí, junto a la puerta de las Ovejas, un estanque rodeado de cinco pórticos, cuyo nombre en arameo es Betzatá.

Jesús asiste a otra de las festividades judías. El autor no nos aclara cuál de ellas, pero implicaba que Jesús fuera a Jerusalén de nuevo. Al entrar a Jerusalén por una de las 12 puertas de la muralla, la puerta de las Ovejas, por la cual lo pastores sacaban regularmente sus ovejas a pastar, pasa al lado de una estanque muy conocido. Es interesante que Jesús escoja esta entrada, pues él es conocido como el Buen Pastor después.

En esos (pórticos) se hallaban tendidos muchos enfermos, ciegos, cojos y paralíticos. Entre ellos se encontraba un hombre inválido (enfermo) que llevaba enfermo (allí) treinta y ocho años.

Este estanque estaba rodeado de pórticos en los cuales se hacían muchos enfermos con la esperanza de ser sanos. La tradición decía que de vez en cuando bajaba un ángel de Dios y revolvía el agua, y que cuando esto sucedía, la primera persona en llegar al agua y sumergirse en ella, esta era sanada. Entre estos enfermos estaba un hombre que llevaba 38 años allí, esperando por una oportunidad.

Cuando Jesús lo vio allí, (tirado en el suelo), y (se enteró de) que ya tenía mucho tiempo de estar así, le preguntó:

—¿Quieres quedar (ser hecho) sano?

Jesús ve a este hombre y se entera de su situación, y a pesar de todo hace una pregunta que para nosotros es completamente ilógica: ¿Quieres ser sano? ¿Por qué pregunta Jesús esto? ¿Acaso no es obvio que este hombre necesita ser sano? Puede que si sea obvio, pero la pregunta de Jesús va más allá. Jesús quiere atender la necesidad real de este hombre, no una necesidad superficial. Este hombre llevaba 38 años ahí y aparentemente no había hecho mucho esfuerzo por entrar en el estanque. ¿Realmente quería ser sano? ¿O ya se había dado por vencido?

—Señor —respondió (el hombre impotente)—, no tengo a nadie (a ningún hombre) que me meta en el estanque mientras se agita el agua, y cuando trato de hacerlo (estoy llegando), otro se mete antes.

—Levántate, recoge tu camilla (colchoneta, colchón) y anda (camina) —le contestó Jesús.

La respuesta de este hombre es una evasiva. Él no responde si o no, sino que se excusa en por qué a pesar de estar tanto tiempo allí, no ha sido sanado. Este hombre pone su mirada en las circunstancias alrededor y se excusa en ellas. La pregunta de Jesús logra que el hombre demuestre que se ha dado por vencido hace mucho tiempo. Pero Jesús no se ha dado por vencido con él, y sencillamente le ordena que se levante, coja su colchoneta y camine. Este hombre no mostró señales de tener algún tipo de fe en que este hombre, que le estaba dando esa orden, o que Dios mismo le fueran a sanar. Él ni siquiera pide por la sanidad.

Al instante (E inmediatamente) aquel hombre quedó (fue hecho) sano, así que tomó su camilla (colchón, colchoneta) y echó a andar.

Con la sola orden de Jesús este hombre queda sano y obedece a Jesús. Algo debió haber notado este hombre en su cuerpo, que le hizo obedecer a Jesús y caminar. Otra vez vemos que fue la fe de Jesús la que sano al enfermo, no la del enfermo.

Pero ese día era sábado (Hr. Shabbath: el día de descanso). Por eso los judíos le dijeron al que había sido sanado (Gr. Therapeuo: librado de enfermedad):

—Hoy es sábado (día de descanso); no te está permitido (no es correcto) cargar tu camilla (colchón).

En la tradición judía el día de descanso (sábado para ellos, domingo para los cristianos ahora) nadie debía trabajar ni hacer alguna labor que implicara esfuerzo de algún tipo. Por eso, cuando los judíos religiosos ven a este hombre cargando su colchón, estos le llaman la atención. Los religiosos no muestran la más mínima misericordia, ellos solo se interesan en que las reglas se cumplan.

—El que me (hizo sano) sanó me dijo: “Recoge tu camilla (colchón) y anda (camina)” —les respondió.

—¿Quién es ese hombre que te dijo: “Recógela y anda”? —le interpelaron (interrogaron).

El que había sido sanado (curado) no tenía idea de (no sabía) quién era, porque Jesús se había escabullido entre la mucha gente (multitud) que había en el lugar (allí).

Aquí vemos que la persona sanada no solo no tenía una fe o expectativa personal para ser sana específicamente, sino que además ni sabía quién era Jesús. No lo conocía y aparentemente tampoco había escuchado de su fama. También nos damos cuenta que Jesús no hace el milagro buscando reconocimiento público, sino que inmediatamente después de sanar al enfermo, se escabulle y no busca llamar la atención de ninguna manera.

Después de esto Jesús lo encontró en el templo (todo el precinto del templo) y le dijo:

—Mira, ya has quedado (sido hecho) sano. No vuelvas a pecar (errar el blanco), no sea que te ocurra (sea hecho) algo peor (más grave, más malo).

Jesús no solo le dio la sanidad a esta persona, él va y lo busca después para darle también la salvación. El objetivo de Jesús, una vez más, no es solo la sanidad de alguien, sino la salvación de alguien. Vemos que entonces lo busca y lo encuentra en el precinto del templo, probablemente el patio exterior, que era el único sitio donde la gente común y corriente podía estar. Allí lo confronta con su pecado (no sabemos cuál, pues no se menciona) y le deja claro que no debe seguir errando para que no le ocurra algo peor. Jesús básicamente le llama al arrepentimiento.

El hombre se fue e informó (anunció) a los judíos que Jesús era quien lo había sanado.

Precisamente por esto los judíos perseguían a Jesús, pues hacía tales cosas (por aquellas cosas que) en sábado.  Pero Jesús les respondía:

—Mi Padre aun hoy está trabajando, y yo también trabajo.

Este hombre realmente no sabía mucho de Jesús, por lo cual no vio problema en ir a dónde los religiosos que le habían interrogado a decirles quién le había sanado. Vemos que esto solo aumenta el odio de los religiosos ante Jesús, pues él sencillamente hacía cosas que en su legalismo estaban prohibidas, sin tener en cuenta ni la misericordia, ni el amor de Dios. Una de ellas era sanar en el día de descanso. Jesús después explica que el día de descanso es necesario, pero que no significa que por ello no podemos hacer el bien. Los religiosos solamente ven las reglas, pero no las necesidades de los demás.

Hoy en día es similar, cuando a alguien se le juzga por no asistir a la iglesia todos los domingos, sino tomar tiempo para el descanso y para su familia, o para visitar a alguien que está en necesidad. Si entendemos que la iglesia no es un lugar, sino que somos nosotros, y que la iglesia está en donde dos o tres están reunidos en el nombre de Cristo, entonces sabemos que no importa tanto la actividad que hagamos en el día de descanso, sino el enfoque que tengamos. Recordemos sin embargo, que Dios instituyo el descanso regular semanal como parte importante de nuestras vidas, y dio ejemplo el mismo al descansar. Tanto la Biblia como los médicos concuerdan que es importante para nuestro cuerpo el descanso, pero el descanso no es excusa para dejar de hacer la obra del Padre: sanar y salvar a quienes lo requieran.

sábado, 21 de junio de 2014

Juan 4:43-54 – Jesús sana, con el objetivo que hogares sean transformados

Con el pasaje siguiente comienzan una serie de historias de diversos milagros hechos por Jesús y de los cuales podemos no solo aprender más sobre la naturaleza y el carácter de Dios, sino también mucho sobre la forma en que Jesús obró al servir a los demás.

Después de esos dos días Jesús salió de allí rumbo a Galilea (pues, como él mismo había dicho [testificado], a ningún profeta se le honra [se valora] en su propia tierra [nativa]).

Después de haber permanecido dos días con los samaritanos y haber traído la salvación a todo un pueblo, Jesús continua su camino para Galilea, después de haber sido rechazado en su propia tierra (Judea). Juan menciona un dicho que Jesús mismo dijo y que encontraremos después en otros evangelios, que un profeta no es valorado en su propia tierra. Con ello se refiere a que es más difícil compartirle el mensaje de salvación a las personas que crecieron con uno y que lo conocen, que con quienes no saben nada de uno. Este puede deberse a que quienes nos conocen, también conocen nuestras debilidades y nuestra forma de ser, y al haber crecido tan cerca de uno, pueden no tomarnos en serio por ello, así lo que digamos sea la verdad. Un ejemplo es el de José y sus hermanos. A pesar de que José no les hizo ningún mal a sus hermanos o padres, estos no aceptaban los sueños que tenía. Muchas veces nuestro mensaje no es aceptado entre los más cercanos, sencillamente por celos o incomprensión de lo que estamos tratando de decir. Tendemos a ser más renuentes a ver algo obvio frente a nosotros, que aceptar lo que digan los de afuera, aunque sea el mismo mensaje.

Cuando llegó a Galilea, fue (bien) recibido por (todos) los galileos, pues éstos habían visto personalmente (discernido) todo lo que había hecho en Jerusalén durante la fiesta (de la Pascua), ya que ellos habían estado también allí (ido a la fiesta).

Vemos acá la diferencia: los galileos, que no eran el pueblo de Jesús, si le aceptan bien, pues habían visto y entendido lo que Jesús había hecho durante la fiesta de Pascua. Ellos no tenían recelos ni razones para envidiar o desconfiar de Jesús, por lo cual sus corazones estaban más abiertos a recibir el mensaje.

Y volvió otra vez (Jesús) a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. (y) Había allí un funcionario real, cuyo hijo estaba enfermo en Capernaúm. Cuando este (hombre) se enteró de (escuchó) que Jesús había llegado de Judea a Galilea, fue a su encuentro y le suplicó que bajara a sanar (curar) a su hijo, pues estaba a punto de morir.

Jesús vuelve al lugar de su primer milagro y allí las personas comienzan a buscarlo. La fama de Jesús ya le precede. Es interesante, que en esta ocasión se trata de un funcionario de alto nivel, quien viene a suplicar por la vida de su hijo. Por la respuesta que Jesús le da…

(Le dijo Jesús a él. A menos que vean marcas/indicaciones y prodigios no van a tener fe) —Ustedes nunca van a creer si no ven señales y prodigios —le dijo Jesús.

… podemos deducir que el funcionario acude a Jesús sin creer realmente en él, tal vez en un acto de desespero para salvar a su hijo. Otro ejemplo más de que las sanidades o los milagros no requieren que la persona que necesita el milagro tenga fe, sino de Jesús únicamente.

—Señor —rogó (dijo) el funcionario—, baja antes de que se muera mi hijo (niño).

—Vuelve a casa (sigue tu camino), que tu hijo vive —le dijo Jesús—.

El funcionario le pide a Jesús que vaya con él, pero Jesús se niega y sencillamente le dice que vaya, que su hijo está bien.

El hombre creyó lo que Jesús le dijo (tuvo fe en la palabra que Jesús le dijo), y se fue (siguió su camino). Cuando (Mientras) se dirigía a su casa, sus siervos (esclavos) salieron a su encuentro (se encontraron con él) y le dieron la noticia de que su hijo estaba vivo (diciéndole: tu niño vive). (Cuando) les preguntó (entonces) a qué hora había comenzado (su hijo) a sentirse mejor, (y) le contestaron:

Vemos acá que la respuesta de Jesús genera en el hombre un primer paso de fe: el cree en lo que Jesús le ha dicho, aunque no ha visto el resultado. Jesús da una palabra primero, y él hombre tiene la opción de creerla o no, pero como veremos ahora, la sanidad había ocurrido antes de que el hombre creyera la palabra de Jesús. Al encontrarse con sus esclavos, estos le comentan que su hijo ya estaba bien. Esto debió haber alegrado y sorprendido al hombre, por lo cual indaga por la hora en que todo ocurrió…

—Ayer a la una de la tarde (Lit. a la séptima hora) se le quitó (le dejo) la fiebre (la inflamación).

Entonces el padre se dio cuenta de (supo) que precisamente a esa hora Jesús le había dicho: «Tu hijo vive.» Así que (y) creyó (tuvo fe) él con (y) toda su familia (gr. oikos: hogar, todos los que viven bajo el mismo techo: familia + trabajadores).

… todo sucedió en el momento en que Jesús pronunció la palabra, antes de que el hombre incluso hubiera creído en lo que Jesús dijo. Esto hace que al final todas las personas que vivían bajo el mismo techo del funcionario, familia, esclavos y empleados, tengan fe en Jesús. Es aquí donde se menciona que realmente tuvo fe; antes solo había creído en la palabra dicha por Jesús, ahora creía completamente en él.

Ésta fue la segunda señal (indicación) que hizo Jesús después de que volvió de Judea a Galilea.

Según esto, este fue el segundo milagro de Jesús, después de regresar de Judea a Galilea, lo que nos muestra que Jesús no usaba mucho las señales todavía, sino que estaba más enfocado en el mensaje mismo durante este momento de su ministerio.