martes, 20 de mayo de 2014

Juan 3:22-36 – Juan reconoce que se trata de Jesús y no de nosotros

Después de haber hablado con Nicodemo, Jesús y sus discípulos se trasladan a la región de Judea.
Después de esto Jesús fue con sus discípulos a la región de Judea. Allí pasó algún tiempo con ellos, y bautizaba (sumergir, inmersión).
Vemos aquí, que también Jesús comienza a bautizar a otros. El bautismo en agua consistía en la inmersión total de una persona en un rio o lago. Con ello se realizaba el rito de purificación de los judíos y se entraba a ser parte de los discípulos de alguien. La iglesia primitiva continua con este rito, agregándole dos componentes más: el simbolismo que al ser sumergidos estamos identificándonos con la muerte y resurrección de Cristo, y que entramos a ser parte del cuerpo de Cristo, su eclesia.
También Juan (el Bautista) estaba bautizando en Enón (lugar de fuentes), cerca de Salín, porque allí había mucha agua. Así que la gente (ellos) iba para ser bautizada. (Esto sucedió antes de que encarcelaran a Juan).
Juan el Bautista, pariente de Jesús, también se encontraba bautizando en esta región, ya que existían suficientes fuentes de agua para ello. Las personas, que ya habían escuchado el mensaje de arrepentimiento de Juan y posiblemente también conocían de la fama de Jesús y de sus milagros, acudían entonces a este lugar para bautizarse.
El autor menciona también que todo esto sucedió antes de que Juan fuera encarcelado. Más adelante veremos que Juan es encarcelado cuando condena el matrimonio incestuoso de Herodes.
Se entabló (generó) entonces una discusión (disputa) entre los discípulos de Juan y un judío en torno a los ritos de purificación (o: a la expiación). Aquéllos fueron a ver a Juan y le dijeron:
—Rabí (Maestro), fíjate, el que estaba contigo al otro lado del Jordán, y de quien tú diste testimonio, ahora está bautizando, y todos acuden (van donde) a él.
Estando allí un judío discute con los discípulos sobre quien puede ejercer el bautismo, el rito de la purificación. En su celo por Juan (o por el rito), van donde este y le avisan que Jesús está bautizando, y que ahora la gente se estaba yendo donde él. Esto se parece tanto a los celos que algunas personas cristianas muestran porque las personas alrededor en vez de acudir a “su” iglesia, acuden a otra, o a una iglesia orgánica, en donde encuentran una relación más directa con Jesús. Juan entiende que la relación directa con Jesús es más importante que su propia fama y les responde:…
(Respondió Juan y dijo:…) —Nadie puede (No puede un ser humano) recibir (tomar) nada a menos que Dios se lo conceda (le sea dado del cielo) —les respondió Juan—.  
Juan les deja claro que lo que Jesús tiene, solo lo tiene porque Dios mismo se lo ha dado, y que por ende su autoridad para efectuar este rito es válida.
Ustedes me son testigos de que dije: “(Porque) Yo no soy el Cristo (ungido; Mesías), sino que he sido enviado (puesto aparte) delante (en frente) de él.” El que tiene a la novia es el novio. Pero el amigo del novio, que está a su lado y lo escucha, se llena de alegría cuando oye la voz del novio. Ésa es la alegría que me inunda (llena). A él le toca crecer (Es necesario que el crezca), y a mí menguar (pero yo mengue, decrezca).
Juan continúa recordándoles lo que ya había dicho antes sobre Jesús, que él (Juan) no es el Mesías, sino Jesús. Posiblemente la gente ya estaba empezando a entronar a Juan, no entendiendo el mensaje que él había dado antes sobre Jesús. Juan usa otra imagen para hablar sobre Jesús, la del novio; y explica que Jesús es el novio, y que la novia (su eclesia) le pertenece. Juan solo es el amigo del novio, y él se alegra por ello. Juan entiende mejor que los judíos que le celaban, que la fama de Jesús tenía que crecer y la de él tenía que reducirse. El entendía que no se trataba de él, sino de Jesús.
Hoy en día, tristemente, hay muchos líderes en las iglesias que no han comprendido que no se trata de ellos y sus ministerios, sino de Cristo y únicamente de él. Son fáciles de reconocer con solo escuchar a sus seguidores: ¿De qué hablan principalmente, de su líder y su ministerio, o de lo que Jesús está haciendo en sus vidas? Como líderes estamos siempre en el riesgo contante de quitarle la gloria a Jesús. Por eso, debemos tener una relación sólida con él y debemos evaluarnos y humillarnos diariamente en todas aquellas actitudes, conversaciones y pensamientos con los cuales estemos atrayendo la atención hacia nosotros, en vez de hacia Jesús.
»El que viene de arriba está por encima de todos (sobre todos); el que es de la tierra, es terrenal y de lo terrenal habla. El que viene del cielo está por encima de todos (El que es del cielo está por encima de todos) (y) da testimonio (es testigo) de lo que ha visto y oído, pero nadie (ninguno/a) recibe (toma) su testimonio (evidencia dada).
Juan (posiblemente el apóstol) continua explicando que Jesús viene del cielo, de Dios y que viene hablando de las cosas de Dios, pero que aunque ha dado evidencia de ello, nadie le cree. Jesús había no solo mostrado su autoridad por lo que decía, sino también por lo que hacía, y sin embargo, había muchos religiosos que no le creían.
El que lo recibe (toma su evidencia dada) certifica (sella, atestigua) que Dios es veraz.
Sin embargo, los que si aceptaron la evidencia dada y la tomaron, demostraron con ello que no solo Dios está diciendo la verdad, sino que él es real.
El enviado de Dios (Al que Dios ha puesto aparte) comunica el mensaje divino (las palabras de Dios habla), pues Dios mismo le da su Espíritu sin restricción (y no por medida da el Espíritu).
Juan declara acá que uno es el mensajero, y otro el hijo. Juan el Bautista es el mensajero, y da ese mensaje por medio del Espíritu Santo, que le ha sido dado sin restricción ni medida. Esto también es válido para nosotros cuando Dios nos da de su Espíritu.
El Padre ama (gr. ágape – amor incondicional) al Hijo, y ha puesto (le ha dado) todo en sus manos.
Además del mensajero está el Hijo (Jesus), el cual por el amor incondicional del Padre (Dios), es heredero y dueño de todo.
El que cree (tiene fe) en el Hijo tiene vida eterna (perpetua); pero el que rechaza (no tiene fe, no cree) al Hijo no sabrá lo que es esa vida (no verá la vida), sino que permanecerá bajo el castigo de Dios (la ira de Dios está sobre el).
Juan resume una vez más que solo quien tenga fe en el Hijo tendrá la vida eterna, pero que todos aquellos que no tienen fe en el Hijo, no sabrán lo que es la vida eterna, sino que permanecerán bajo la condenación y la culpa por la ira de Dios.
Dios quiere que todos nosotros tengamos la vida eterna, pero cuando no le reconocemos y creemos en él personalmente (OJO: no en instituciones o personas que le representan, sino en él directamente), entonces permanecemos en la oscuridad, bajo la condenación y la ira de Dios que sentimos por no conocer a Dios realmente.

miércoles, 7 de mayo de 2014

Juan 3:1-21 – Jesús, Nicodemo y el amor del Padre

Estando Jesús en Jerusalén, recibe una visita muy importante, la de uno de los dirigentes judíos, el fariseo Nicodemo.

Había entre los fariseos un dirigente de los judíos llamado Nicodemo. Éste fue (vino) de noche a visitar a (donde) Jesús, (y le dijo:…).

¿Por qué un personaje tan importante va de noche a ver a Jesús? Después de la echada de los negociantes del templo, probablemente la popularidad de Jesús entre los religiosos fariseos no era la mejor y estos no hubieran visto con buenos ojos que alguien de la categoría de Nicodemo fuera a ver a Jesús sencillamente para hablar. Como veremos adelante por las preguntas de Nicodemo, podemos deducir que Nicodemo debió haber quedado muy intrigado con el suceso del templo, por lo cual decide visitar a Jesús, no para volver al tema del templo, sino para conocer más profundamente a este Jesús, que venía haciendo milagros y actuando de una manera muy distinta a lo que otros religiosos hacían. Lo que Nicodemo le dice, muestra que este tenía bien claro que Jesús no era un personaje regular. Es muy posible que Juan (y de pronto también el resto de los discípulos) hayan estado presentes en esta conversación.

—Rabí (Mi maestro – título de honor) —le dijo—, sabemos que eres un maestro que ha venido de parte de Dios, porque nadie podría (sería capaz de) hacer las señales que tú haces si Dios no estuviera con él (en medio de él; unido a él).

Nicodemo comienza usando un título honorifico para hablarle a Jesús, reconociendo así la autoridad de Jesús, y remarca su comentario demostrando que debido a los milagros que Jesús hace, él debe tener el aval de Dios y por lo tanto viene con una misión de parte de él. Interesante es también que el término usado para estar con Dios no es el mismo término que conocemos de antes de acompañar a alguien, sino que se usa un término que significa que el acompañante esta en medio, unido a la persona que acompaña. Con ello Nicodemo expresa que la relación de Jesús con Dios es la de una unidad y no solo la de un acompañante. Tener ese tipo de relación, de unión con Dios, es lo que realmente nos habilita para hacer la diferencia.

(Le respondió Jesús y le dijo:…) —De veras (Lit. Amen, amen te digo…) te aseguro que (a menos que; si no) quien (alguien) no nazca (es procreado; regenerado) de nuevo (de lo alto) no puede (ser capaz de) ver (conocer) el reino (reinado) de Dios —dijo Jesús.

Es interesante que la respuesta de Jesús no parezca tener ninguna relación con la afirmación de Nicodemo. Jesús conocía el corazón de Nicodemo y la esperanza de todos los judíos de un mesías, un nuevo reino y la libertad del pecado, y va con su respuesta directo al grano de lo que Nicodemo realmente necesitaba escuchar: que solamente al ser hechos, ser creados completamente nuevos podrían tener aquello que anhelaban.

(Y le respondió Nicodemo:…) —¿Cómo puede (¿De qué manera es capaz un ser humano…?) uno nacer (ser procreado; regenerado) [de nuevo - esta parte no está en el original] siendo ya viejo? —preguntó Nicodemo—. ¿Acaso puede (es posible) entrar por segunda vez en el vientre de su madre y volver a nacer (Lit. …y ser procreado; regenerado)?

La respuesta de Jesús deja a Nicodemo completamente intrigado y confundido, ya que el parte de su pensamiento racional para tratar de entender lo que Jesús dice, cuando este está hablando de un nacimiento espiritual y no natural. Es interesante que Nicodemo, a pesar de ser un fariseo y conocer las Escrituras, no logra entender que Jesús está hablando desde la perspectiva espiritual y no la natural.

(Respondió Jesús:…) —Yo te aseguro (amen, amen te digo…) que quien no nazca de agua (a menos que una persona sea procreada (regenerada) del (denota origen) agua…) y del Espíritu (Gr. pneuma: corriente de aire), no puede (tener la habilidad o posibilidad de) entrar en el reino (realeza, reinado) de Dios —respondió Jesús—. Lo que nace (es procreado) del cuerpo (de la carne) es cuerpo (carne); lo que nace del Espíritu es espíritu. No te sorprendas de que te haya dicho: “Tienen (Es necesario) que nacer (ser procreado) de nuevo (de arriba).” El viento (Gr. pneuma: la misma palabra usada para el Espíritu Santo) sopla por donde quiere, y lo oyes silbar (y oyes su sonido, su tono), aunque ignoras (pero no ves) de dónde viene (cuál es su origen) y a dónde va (a qué lugar se dirige). Lo mismo pasa (Así es…) con todo el que nace (es procreado) del Espíritu.

La respuesta de Jesús sigue dentro del ámbito espiritual, cuando explica que para ser nacido de nuevo espiritualmente, hay que ser nacido del agua y del Espíritu, y que ello es el requisito para entrar al reino de Dios o ver la realeza de Dios. Jesús está hablando acá de lo que hoy en día se conoce en algunas iglesias como los dos bautismos: el bautismo en agua, que ya lo explicamos antes, y el bautismo en el Espíritu Santo. Jesús pasa por un momento a lo natural al decir que lo que nace de la carne es carne, una analogía que Pablo explica más afondo después en su carta a los Romanos en los capítulos 5 al 8, en donde habla de la lucha de nuestra carne (nuestros deseos naturales) contra la ley del Espíritu. Jesús sigue explicando acá, que lo que nace del Espíritu es diferente, y lo conecta con lo que había dicho al principio de la necesidad de ser procreados de nuevo, por Dios. Después compara al Espíritu con el viento usando el significado original de Espíritu, al hablar de que el que nace del Espíritu es como el viento, del cual no se ve dónde se origina, ni hacia dónde se dirige, dejando claro, que al nacer de nuevo dejamos de pertenecernos a nosotros mismos y nuestros planes, y empezamos a pertenecerle a Dios y a dejarnos guiar por sus planes.

Nicodemo replicó (y le dijo):

—¿Cómo es posible que esto suceda (sea)?

(Respondió Jesús y le dijo:…) —Tú eres (el, un) maestro de Israel, ¿y no entiendes (conoces) estas cosas? —respondió Jesús—.

Acá vemos de nuevo que a pesar de que Nicodemo conoce las escrituras y es un maestro en su pueblo, desconoce o no entiende de lo que Jesús está hablando. Jesús le sigue entonces aclarando más…

Te digo con seguridad y verdad (Amen, amen te digo…) que hablamos de lo que sabemos (vemos) y damos testimonio (Gr. martureo – ser testigos) (y testificamos sobre la evidencia dada) de lo que hemos visto (experimentado) [personalmente – esta palabra no se encuentra en el original], pero ustedes no aceptan (no lo reciben, toman) nuestro testimonio. Si les he hablado de las cosas terrenales, y no creen (no tienen fe), ¿entonces cómo van a creer si les hablo de las celestiales? Nadie ha subido jamás al cielo sino el que descendió del cielo, el Hijo del hombre (ser humano).

Jesús pasa a decirle a Nicodemo que ellos (Posiblemente Jesús y sus discípulos) les han estado hablando de aquello de lo cual ya tienen evidencia y de lo cual son testigos, pero que Nicodemo y los demás fariseos y religiosos no aceptan lo que les han estado diciendo. Jesús está aterrado de que los religiosos no entiendan ni acepten las cosas simples y terrenales que él les está diciendo, y que aun así no quieran creer. Según el, ni siquiera serían capaces de creer en las celestiales, si él se las contara, pues solo una persona ascendió y descendió del cielo, el Hijo del hombre. Recordemos acá el comienzo de Juan: el Hijo del hombre es Dios hecho humano. Jesús habla también acá de manera profética, al mencionar su ascensión, la cual ocurre después de su muerte y resurrección.

»(Y así…) Como levantó Moisés la serpiente en el desierto, así también (en esa forma) tiene que ser levantado el Hijo del hombre, para que todo el que crea en él tenga vida eterna perpetua. [Algunas versiones agregan: “…no se pierda…”, pero esto no hace parte de los manuscritos originales].

Jesús (o Juan – algunos eruditos consideran que esta parte ya no hace parte de la conversación de Jesús, sino de lo que Juan aprendió de Jesús sobre esa conversación; la explicación de la misma) continúa profetizando sobre lo que sucederá: así como Moisés levanto la serpiente en el desierto, para que los que habían sido picados por las serpientes se salvaran, así el mismo tenía que ser levantado y crucificado para que pudiéramos tener acceso a la vida eterna.

»Porque tanto (Por esta razón y manera…) amó (Gr. agapao: al amor incondicional) Dios al mundo (Gr. kosmos), que dio (entregar) a su Hijo unigénito (único nacido), para que todo el que cree en él no se pierda (no sea destruido completamente), sino que tenga (posea) vida eterna (perpetua). Dios no envió (puso aparte) a su Hijo al mundo (Gr. kosmos) para condenar (juzgar, castigar, diferenciar, decidir) al mundo (Gr. kosmos), sino para salvarlo (para liberar, proteger al cosmos) por medio (a través) de él.

Originalmente estábamos condenados, pero por el hecho de que Dios nos amó con un amor incondicional, por esa razón, entrego al único hijo que tenía, para que no fuéramos destruidos completamente, sino que pudiéramos tener esa vida eterna de la que hablo antes. También aclara que la misión de Jesús en la tierra no fue para venir a condenar o castigar o juzgar, o discriminar, sino claramente para salvar, liberar y proteger a su creación por medio de Jesús mismo. De la misma manera Jesús nos llama a no juzgar o condenar, sino a presentarlo a él para salvación y liberación.

El que cree en él no es condenado (castigado, juzgado), pero el que no cree ya (incluso ahora) está condenado (juzgado, castigado) por no haber creído en el nombre (denota carácter y autoridad) del Hijo unigénito de Dios.

Ahora, quienes creen en Jesús, en su naturaleza y carácter, en su autoridad como el Hijo de Dios, no son condenados, pero quienes no lo hacen, se han condenado a sí mismos al negar con ello la existencia del único Hijo de Dios.

Ésta es la causa de la condenación (la decisión del tribunal): que la luz (brillar, hacer manifiesto) vino al mundo (cosmos), pero la humanidad prefirió (amo incondicionalmente mas) las tinieblas a (que) la luz, porque sus hechos eran perversos (por causa de sus malas, hirientes obras).

Esa condenación funciona de la siguiente manera: la luz (Cristo) vino a su creación, pero esa creación amaba más las tinieblas que la luz, por su perversidad, ya que la luz manifiesta lo oculto y perverso. El ser humano no quiso asumir la responsabilidad y reconocer su maldad, sino que prefirió mantenerlo en secreto, y por eso rechaza la luz.

Pues todo el que hace (practica una y otra vez, ejecuta) lo malo (torcido, podrido) aborrece (odia, detesta) la luz, y no se acerca a ella temor a (Lit. ni viene a la luz para) que sus obras queden al descubierto (sean reprobadas, reciban un llamado de atención). En cambio, el que practica (hace) la verdad se acerca (viene) a la luz, para que se vea claramente que ha hecho (para que sean aparentes) sus obras en obediencia a Dios (porque en Dios han estado involucradas).

Toda persona que practica la maldad, lo torcido obviamente detesta que esto salga a la luz, ya que ello implica mostrarse tal y como uno es; y por ese mismo temor no se acercan a la luz, a Cristo, para que esa maldad sea confrontada. Esa confrontación en realidad es necesaria para que cambiemos. Mientras seguimos de manera testaruda haciendo lo que es malo y pensando que mientras no sea visto todo estará bien, nos engañamos y no estamos asumiendo la responsabilidad. Así tampoco podemos cambiar. Pero, las personas que practican lo que es verdadero y correcto, buscan esa luz, para que así se vea claramente que están obedeciendo a Dios y su ejemplo sirva de testimonio que están metidos con Dios. Al acercarse a la luz, a Cristo, ven sus fallas y corrigen el curso, permitiendo que la luz de Cristo se haga más y más evidente en sus vidas. Y eso es lo que deberíamos buscar.

martes, 22 de abril de 2014

Juan 2:13-25 – Jesús se opone radicalmente a que la casa de Dios sea un mercado

Después de la boda en Cana, Jesús, su familia y sus discípulos continúan su viaje en dirección a Capernaúm y Jerusalén.

Cuando se aproximaba (Y estaba cerca) la Pascua de los judíos, subió Jesús a Jerusalén. Y en el templo (un lugar sagrado; todo el precinto) halló a los que vendían (negociar con) bueyes, ovejas y palomas, e instalados en sus mesas a los que cambiaban dinero (y a los que negocian con monedas sentados).

Según vemos acá, el plan de Jesús y su familia probablemente era asistir al peregrinaje anual que las familias hacían para ir a Jerusalén, con el fin de ir al templo a celebrar la fiesta de la Pascua. La festividad de la Pascua (Hebreo: pasar, saltar de un lado a otro) fue instituida por Dios en el Antiguo Testamento. Era una de las principales celebraciones judías, que recordaba la noche en que el ángel de Dios pasa por las casas de Egipto e inicia la liberación de Israel de la esclavitud. Todavía se celebra casi de la misma manera en que se hacía hace siglos: con un banquete en la cual se come pan sin levadura y se sacrifica un cordero como símbolo de la expiación de nuestros pecados. (Éxodo 12; Deuteronomio 16:1:1-8). Con la pascua comienza el año judío. Jesús instituye después en su última Pascua, durante la misma noche en que se recuerda la salida de Egipto, la Santa Cena o Última Cena, con la cual traslada el simbolismo de la Pascua judía a su propia persona y declara que él es el Cordero que se sacrifica por los pecados de la humanidad. Esta misma cena se convierte tanto en la culminación del Antiguo Pacto, como en el comienzo de un Nuevo Pacto, por lo cual Jesús le ordena a los discípulos continuar con la tradición para recordarle que regrese y pre-celebrar las bodas del Cordero.

Al llegar Jesús a Jerusalén, vemos que se dirige primeramente al templo y cuando llega observa que todo el recinto del templo estaba lleno de negociantes que vendían los animales establecidos para el sacrificio y también aquellos que negociaban cambiando las cosas que traían los peregrinos por monedas con las cuales pudieran comprar los sacrificios. La ley judía establecía que dependiendo del tipo de pecado por el cual se quería hacer expiación, así como de los recursos financieros de cada uno, se debía sacrificar un animal diferente. Pero estos animales tenían que ser perfectos y contar con ciertas condiciones especiales. Originalmente cada familia traía sus propios animales para el sacrificio y el sacerdote oficiaba el mismo. Pero los religiosos de la época de Jesús vieron en esta práctica la oportunidad de hacer dinero, por lo cual le prohibieron a la gente traer sus propios animales y les obligaron a comprarlos en el templo. Quienes no tenían animales y necesitaban uno, debían cambiar alguna otra posesión por monedas, para con ellas comprar los animales deseados. Como vemos, esta práctica indigno muchísimo a Jesús.

Entonces, haciendo un látigo de cuerdas (cuerdas cortas/pequeñas), echó (expulsar) a todos del templo, juntamente con sus ovejas y sus bueyes; regó por el suelo las monedas de los que cambiaban dinero (negociantes de monedas) y derribó sus mesas. A los que vendían (negociaban con)  las palomas les dijo:

—¡Saquen esto (estas cosas) de aquí! ¿Cómo se atreven a convertir la casa (hogar, habitación) de mi Padre en un mercado (gr. emporion – mercadería, emporio)? (No conviertan la casa de mi Padre en una habitación de mercadería).

Sus discípulos se acordaron de que está escrito: «El celo (la pasión) por tu casa (habitación, hogar) me consumirá.» (Salmo 69:9).

Tristemente la práctica de hacer negocio con la fe siguió usándose no solo en la tradición judía de aquella época, sino especialmente en la iglesia cristiana a lo largo de los años e incluso hoy en día: la iglesia católica la tuvo durante la edad media para financiarse a través de las indulgencias y la venta de reliquias, la iglesia protestante las retomo después a través de la institución de un sistema de ofrendas que no tiene sustento bíblico, y hoy en día sigue haciéndose negocio con ello, no solo con la venta de objetos de culto, sino a través de la teología de la prosperidad, a través de la cual incluso se condiciona la sanidad, la prosperidad y otras bendiciones al hecho que uno haya dado su ofrenda a la iglesia; en términos de ellos “a Dios”. Personalmente creo que Jesús esta hoy igual de indignado con la actitud de los religiosos que practican esto, al igual que lo estaba en su época al ver lo que pasaba en el templo.

Tal es la indignación de Jesús, que se hace un látigo con el cual echa fuera a todos los negociantes que están en el templo, reclamándoles que han hecho de la casa de su Padre un centro de negocios. Jesús busca enfocar de nuevo a la gente en el objetivo del templo: el hecho de que Dios habita allí, y que la razón principal del mismo, es que la gente pueda ir a encontrarse con Dios, no a lidiar con negociantes y cumplir unos ritos que esclavizaban a la gente y hacían ricos a quienes se aprovechaban de ellos.

Otra razón por la cual Jesús vuelve el foco de la gente hacia Dios Padre, es el recordarles de donde ha venido la existencia del templo y lo que realmente debía representar. Cuando vamos atrás en la historia, vemos que inicialmente, en la creación, el ser humano y Dios se paseaban juntos, conversando cara a cara. Después, con el pecado del ser humano, esa relación directa se rompe, al romperse la confianza entre los dos. Dios podía haber desechado a su creación y dejar al hombre solo, pero no lo hace; Dios decide seguir amándolo y busca restaurar esa relación con él. A lo largo del Antiguo Testamento vemos entonces ejemplos de personas que tienen esos encuentros y conversaciones personales con Dios: Abel, Noé, Abraham, Isaac, Jacob, Moisés. Todos ellos tuvieron encuentros personales con Dios y conversaciones que les guiaron en la vida, y ninguno de ellos jamás asistió a la iglesia o a un templo. Con Moisés, la historia empieza a tomar otro rumbo. Mientras que hasta acá los encuentros habían sido principalmente a unas pocas personas, a partir de Moisés Dios se comienza a mostrar a su pueblo entero a través de milagros y señales sobrenaturales. Esto lo hace inicialmente para demostrarles que les puede sacar de Egipto y guiarles a la tierra prometida que todos sus antepasados habían anhelado. Pero Dios desea ir más allá: cuando llegan a un lugar del desierto en el cual se encuentra el monte Sinaí, Dios le anuncia a Moisés que se quiere revelar directamente a su pueblo y hablarles directamente a cada uno de ellos. Tristemente la reacción del pueblo es de miedo y en vez de aprovechar la oportunidad de una relación directa con Dios, deciden que sea Moisés el único que hable por ellos (muy parecido a lo que tenemos hoy con los pastores y líderes de las iglesias). Los resultados los vemos unos capítulos después: idolatría, desobediencia, etc. Sin embargo, Dios no se da por vencido y le da a Moisés el diseño del precursor del templo: el tabernáculo. Dios le muestra con ello al pueblo que quiere habitar en medio de ellos y con ellos. El tabernáculo no era un lugar de reunión como tal, sino un lugar para sacrificios, en los cuales se iba anunciando el sacrificio futuro de Jesús. El pueblo sabía que Dios estaba allí, cuando veían el fuego o la nube sobre la carpa del mismo.

Tiempo después, cuando el pueblo de Israel ya es una nación establecida, basada en una teocracia que funcionaba relativamente bien; el pueblo, después de ver que las otras naciones alrededor tenían sus reyes y príncipes, decide que tener a Dios como jefe de la nación no es suficiente y le pide al profeta Samuel que establezca un rey. Samuel, quien tenía una relación directa con Dios, entiende que esto es un error y trata de convencer al pueblo de que están cometiendo un grave error. Dios, a pesar de todo, permite al pueblo tener lo que desean, no sin antes advertirles de las consecuencias. Hasta acá, vemos que la gente había rechazado a Dios en varias formas: lo saco primero de su intimidad y relación personal, después lo saco de su fe y por ultimo termina sacándolo de su cotidianidad. Afortunadamente Dios se encarga de establecer un rey con el cual tiene una fuerte relación: David. David entiende bien lo que Dios realmente quiere y busca restablecer el tabernáculo que había sido prácticamente olvidado; busca restablecer la relación de Dios con su pueblo. El recupera el tabernáculo y lo deja en un lugar al que todo el mundo puede acceder. Interesantemente esta viene a ser la única época en que todo el mundo puede acceder al tabernáculo mismo a buscar a Dios y tener una relación con él. Por eso es retomado en el Nuevo Testamento como ejemplo del acceso directo que tenemos con Dios. David desea que la presencia de Dios sea más consiente en su pueblo y decide construir un templo para Dios, pero reconoce claramente en uno de sus Salmos que Dios no habita en templos ni lugares construidos por personas. Su interés principal es que las personas entiendan que Dios siempre estaba cerca de ellos, al alcance de su corazón. El pueblo sin embargo olvido eso, y acá tenemos a Jesús recordándoselos una vez más. La pasión que Jesús tenía y que el salmista menciona, no era la pasión por una edificación en sí, era la pasión por la presencia de Dios allí. Jesús anhelaba que la gente entendiera que la prioridad en nuestras vidas no la tenían los sacrificios y actos expiatorios, sino la presencia de Dios en nuestras vidas.

Entonces los judíos reaccionaron, (y le dijeron) preguntándole:

—¿Qué señal (ceremonial o sobrenatural) puedes mostrarnos para actuar de esta manera (para hacer lo que haces)?

—Destruyan (liberen) este templo (habitación, santuario, la parte central del templo) —respondió Jesús (y les dijo)—, y lo levantaré (despertar, levantar de un estado de sueño, muerte, oscuridad, etc.) de nuevo en tres días.

(Dijeron entonces los judíos:…) —Tardaron cuarenta y seis años en construir este templo (habitación), ¿y tú vas a levantarlo (despertar) en tres días?

Pero el templo (habitación) al que se refería era su propio cuerpo. Así, pues, cuando se levantó (fue levantado (despertado)) de entre los muertos, sus discípulos se acordaron de lo que había dicho, y creyeron (tuvieron fe, confiaron) en la Escritura y en las palabras (la palabra – logos) de Jesús.

Los religiosos judíos obviamente reaccionan inmediatamente ante lo sucedido cuestionando la autoridad de Jesús y reclamándole que demuestre que tiene autoridad para hacer lo que hizo. La respuesta de Jesús es simple: él pasa de la edificación templo a declararse él mismo el templo, y profetiza su muerte y resurrección frente a ellos. Los judíos, que solo se enfocaban en lo importante que era su templo, no entienden la parábola que Jesús usa para describir quien es él y lo que va a hacer y siguen insistiendo en la edificación. Incluso los discípulos solo caen en cuenta de ello, después de que Jesús ha resucitado de los muertos, cumpliendo su propia profecía.

En el Nuevo Testamento vemos que la comprensión de los discípulos al respecto también cambia después, cuando mencionan que el templo de Dios somos cada uno de nosotros y que Cristo habita en nosotros, lo cual siempre ha sido el objetivo de Dios: que seamos uno con él y él con nosotros – la relación perfecta de intimidad; el regreso a la creación original.

Mientras estaba en Jerusalén, durante la fiesta (festival) de la Pascua, muchos creyeron (tuvieron fe, confiaron) en su nombre (denota: autoridad, carácter) al ver (ser espectadores, discernir) las señales (milagros, indicación ceremonial o sobrenatural) que hacía. En cambio Jesús (Jesús mismo) no les creía (no tenía fe, no confiaba en ellos) porque los conocía a todos; (y porque) no necesitaba (requería, demandaba) que nadie le informara nada (le diera testimonio, fuera testigo) acerca de los demás (otro ser humano), pues él conocía el interior del ser humano (pues él sabía lo que había en el ser humano).

Jesús continúa en Jerusalén durante todas las festividades y vemos que realiza varios milagros, que llevan a varias personas a creer y confiar en él. Jesús mismo, sin embargo, no era confiado ni se dejaba llevar por la gente ni el ‘que dirán’, ya que siendo Dios, conocía perfectamente las intenciones que cada persona tenía. Esto muestra también a un Jesús que sabía muy bien quien era y que no necesitaba que otros le hicieran lobby para hacer lo que vino a hacer: traer libertad y salvación.

martes, 8 de abril de 2014

Juan 2:1-12 – El primer milagro de Jesús

Tres días después de que Jesús ha estado reclutando a sus primeros discípulos, él y su familia junto con sus discípulos son invitados a una boda. Lo que allí sucede marca el inicio del ministerio público de Jesús.

Al tercer día se celebró una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús se encontraba allí. También habían sido (Fueron) invitados a la boda Jesús y sus discípulos.

Las personas que se casaban debieron haber sido o familiares o amigos cercanos de Jesús y su familia. Es interesante que el ministerio de Jesús inicie en medio de una boda, ya que constantemente el contexto del matrimonio está presente a lo largo de toda la Biblia: En Génesis todo inicia con una boda; a lo largo del Antiguo Testamento se mencionan varias bodas importantes (Isaac y Rebeca; Jacob y Lea; Salomón y la sunamita) y el final en Apocalipsis encontramos que todo termina también con una boda: la boda del Cordero y su eclesia. El concepto de la boda es el concepto de un pacto entre dos personas. El hecho de que Jesús inicie su ministerio durante una boda, nos recuerda que él vino para recordarnos de su pacto eterno con su iglesia. Este contexto también explica la reacción de Jesús cuando su madre le hace en siguiente comentario:

Cuando el vino se acabó, la madre de Jesús le dijo:
—Ya no tienen vino.
—Mujer, ¿eso qué tiene que ver conmigo? (Y le dijo Jesús a ella: ¿Qué yo y qué contigo?) —respondió Jesús—. (Mujer,) Todavía no ha llegado mi hora.

Normalmente un una boda a la persona a la que se le avisaba sobre el vino acabándose era al encargado de la boda o al novio. Cuando María se dirige a Jesús con esa petición, prácticamente lo está colocando en la posición del esposo. No sabemos si María entendía el significado de Jesús como novio de la iglesia cuando le dice esto, pero la reacción de Jesús deja claro que él si sabía a lo que se refería ella, y le deja claro que su tiempo de morir para cerrar el pacto de las bodas con su eclesia no había llegado todavía. María sencillamente ignora la respuesta de Jesús y le ordena a los sirvientes que hagan todo lo que Jesús les diga.

Su madre dijo a los sirvientes (gr. diakonos – el que atiende a la mesa):
—Hagan lo que él les ordene (diga).
Había allí seis tinajas de piedra, de las que usan los judíos en sus ceremonias de purificación. En cada una cabían unos cien litros. (Lit. entre dos y tres metretas – entre 75 y 115 litros).
Jesús dijo a los sirvientes (Jesús les dijo):
—Llenen (completamente) de agua las tinajas.
Y (los sirvientes) las llenaron (completamente) hasta el borde.
(Y les dijo:) —Ahora saquen (un poco) y llévenlo al encargado del banquete —les dijo Jesús.
(Lo llevaron) Así lo hicieron. El encargado del banquete probó el agua convertida en vino sin saber de dónde había salido, aunque sí lo sabían los sirvientes que habían sacado el agua. Entonces (el encargado del banquete) llamó aparte al novio y le dijo:
—Todos sirven primero el mejor (buen) vino, y cuando los invitados ya han bebido mucho (ya están borrachos/intoxicados), (entonces sirven) el más barato (menos bueno); (pero) tú has guardado el mejor vino hasta ahora.

Jesús le da ciertas órdenes a los sirvientes, las cuales ellos cumplen a cabalidad, y como resultado ocurre un milagro: el agua se convierte en vino, y no en cualquier vino, sino en el de mejor calidad. Hay varias cosas que podemos aprender de este pasaje:
  1. Jesús no busco hacer un milagro público o frente a las personalidades más importantes de la boda. Él sencillamente obedeció a su madre y prefirió que fuera entre las personas más sencillas de la boda y sus discípulos. Con ello no solo honor a su madre como hijo, sino también a los sirvientes al darles el privilegio de ser los primeros en darse cuenta que hubo un milagro.
  2. El milagro que Jesús realizo, no requirió de la fe de los sirvientes. Ellos no sabían que pasaba y solo siguieron órdenes. Solo se dieron cuenta del milagro después de que el encargado de la fiesta probó el vino y le hizo el comentario correspondiente al novio. El milagro sucedió por la fe y autoridad de Jesús solamente.
  3. Algunas personas usan este pasaje para decir que Jesús patrocina el tomar trago, ya que hizo el vino. Jesús patrocino el gozo de la celebración de bodas, no el vino para emborracharse. La boda hubiera sido un desastre si el vino se termina antes de tiempo. Ahora, tampoco es que el tomar vino nos haya sido prohibido. Lo que la Biblia enseña al respecto no es que debemos dejar de tomar (a menos que seamos alcohólicos… en ese caso, si no debemos tomar bebidas alcohólicas de ningún tipo), sino que Pablo y también Jesús después dejan claro que lo que no es bueno es el emborracharse o serle tropiezo a alguien con esta práctica. En algunos países europeos por ejemplo es una práctica cultural el acompañar las comidas con vino. Prohibirlo por razones religiosas seria completamente contraproducente.
Ésta, la primera de sus señales (milagros), la hizo Jesús en Caná de Galilea. Así reveló (hizo aparente) su gloria, y sus discípulos creyeron en él.

Aquí vemos que Juan nos deja claro que este fue el primero de los milagros de Jesús, lo que descarta las historias de que Jesús haya hecho algún tipo de milagro cuando niño o joven. También vemos acá el objetivo de ese milagro: darse a conocer a sus discípulos como el Hijo de Dios y revelarles su gloria, ya que hasta acá solo le conocían como otro ser humano más que era su maestro y profeta. Según Juan, desde este momento sus discípulos creyeron en él.

Después de esto Jesús bajó (descendió) a Capernaúm con (y) su madre, (y ) sus hermanos y sus discípulos, y se quedaron allí unos (no muchos) días.

Juan nos relata también que después de esa boda, Jesús va a Capernaúm acompañado de su madre, sus hermanos y sus discípulos. Esto significa que posiblemente sus hermanos también habían sido invitados a la boda, lo que hace que sea más factible que la boda haya sido de algún familiar de ellos.

Otra cosa que vemos acá, es que –contrario a la enseñanza católica- María tuvo otros hijos con José, después de Jesús. En otro pasaje más adelante vemos que no solo tuvo hijos, sino también hijas con José.

José no se menciona en estos pasajes, por lo cual asumimos que para ese entonces ya José había fallecido y María era viuda, estaba sola con los hermanos y hermanas de Jesús y debía tener entre 45 y 50 años de edad, lo cual explica que estén viajando de un lugar a otro junto con él. En la tradición judía, cuando el padre de alguien moría, el hijo mayor se encargaba de la casa. Antes de iniciar su ministerio, Jesús lo hacía asumiendo el trabajo de su fallecido padre, la carpintería; pero al iniciar su ministerio, que era un ministerio andante, se lleva consigo a su familia para seguir haciéndose cargo de ellos.

martes, 25 de marzo de 2014

Juan 1:35-51 – Los primeros discípulos de Jesús

Después de dejar claro el origen de Jesús, de dar testimonio de su divinidad y de relatar parte del momento del bautismo de Jesús, Juan pasa a narrar los comienzos del ministerio de Jesús. Lo que sucede a continuación, sucede al día siguiente del momento del bautismo de Jesús. Juan se encontraba bautizando, cuando ve a Jesús rondando también por allí.

Al día siguiente Juan estaba de nuevo allí, con dos de sus discípulos (aprendices, pupilos). Al ver a Jesús que pasaba por ahí (Lit. Y mirando a Jesús mientras pasaba…), dijo:

Pero, a diferencia del día anterior, esta vez Juan está acompañado de dos de sus pupilos. De los relatos de los otros evangelios y de los versículos que siguen podemos deducir que uno de los discípulos probablemente era Juan (el discípulo) y el otro era Andrés, el hermano de Pedro. Al estar ellos ahí, Juan repite lo que Dios le había revelado sobre Jesús el día anterior:

—¡Aquí tienen al Cordero de Dios!

Cuando los dos discípulos le oyeron decir esto, siguieron (Lit. estar en el mismo camino con) a Jesús. Jesús se volvió y, al ver (observando a quienes) que lo seguían, les preguntó:

—¿Qué buscan?

Al escuchar la declaración de Juan, los dos discípulos inmediatamente comienzan a seguir a Jesús. La palabra usada acá para ‘seguir’ básicamente significa ‘alinearse en el mismo camino con’ otra persona. Los discípulos no solo siguen a Jesús por seguirle, o por curiosidad; ellos conocían las profecías sobre el Mesías y le esperaban tanto como muchos de los judíos. Cuando Juan hace la declaración profética de quien es Jesús, ellos deciden que es el tiempo de ser los discípulos de Jesús y dejar de seguir a Juan el Bautista. Lo vemos también en la respuesta que dan cuando Jesús les confronta con sus intenciones al seguirle: ¿Qué buscan? ¿Qué esperan encontrar? Jesús los pone a pensar, como un buen coach, en sus intenciones y en su motivación para seguirle. De todos los discípulos que Jesús tiene después, estos son los únicos que le siguen sin haber sido llamados primero por Jesús. Sin embargo, y aunque no los rechaza, él primero les hace pensar sobre su motivación e intenciones al seguirle. ¿Cuál es tu intención y tu motivación al seguir a Jesús? ¿Qué esperar encontrar al seguirle?

(Ellos le respondieron:)—Rabí (título honorifico), ¿dónde te hospedas (te estas quedando)? (Rabí significa: Maestro (Instructor).)

—Vengan a ver (Vengan, acompáñenme y vean) —les contestó Jesús.

Ellos fueron, pues, y vieron dónde se hospedaba (quedaba), y aquel mismo día se quedaron con él. Eran como las cuatro de la tarde (Lit. la décima hora – Contando las horas desde las seis de la mañana, que era el inicio del día según la hora judía, nos dan las cuatro de la tarde).

Ellos responden usando un título honorifico aplicado para describir a los instructores religiosos de su época, y básicamente le preguntan, dónde se está quedando. En la época, hacer este tipo de pregunta usando el título de maestro, básicamente significaba que dejaban todo atrás para seguirle de ahora en adelante a él a donde fuera. Jesús sencillamente les invita a seguirle y ver en donde se hospedaba. Ya que Jesús estaba lejos de su casa en Nazaret, lo más seguro es que se estaba quedando donde algún familiar o amigo de la familia. Juan no menciona en donde se quedaron exactamente. Cuando los discípulos ven donde se está hospedando, y siendo ya demasiado tarde para regresarse, deciden quedarse allí. Ellos probablemente no se auto-invitaron. La tradición judía obligaba a ofrecer alojamiento a los visitantes que se encontraran en una casa, si ya estaba anocheciendo y estos tenían un largo camino de regreso. Si esta era la época del invierno, a las cuatro de la tarde ya comenzaba a oscurecer, por lo cual sería muy peligroso continuar el viaje.

Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que, al oír a Juan, habían seguido a Jesús. Andrés (El) encontró primero a su hermano Simón, y le dijo:

—Hemos encontrado al Mesías [ungido] (es decir (que traducido es), el Cristo [ungido]).

Luego lo llevó (guió) a Jesús, quien mirándolo fijamente (Y cuando Jesús le vio), le dijo:

—Tú eres Simón (escuchado), hijo de Juan (Lit. Jonás – favorecido de Jehová). Serás llamado Cefas (la roca) (es decir [que traducido es…], Pedro ((pedazo de) roca)).

Juan salta en el tiempo y describe otros momentos más adelante. Aquí es donde nos deja claro que uno de los dos discípulos del relato anterior era Andrés. Deducimos que el otro era Juan, ya que no menciona su nombre y ya que en la tradición de varios autores podemos ver que cuando hablan de sí mismos, no lo mencionan directamente, como por ejemplo en Hechos, cuando Lucas no se menciona como parte del grupo, pero por la forma gramatical que usa podemos saber que estuvo presente en lo que relata.

Después de haber pasado esa noche con Jesús, algo ha cambiado en Andrés, y este busca a su hermano Simón y le declara directamente que han encontrado al Mesías esperado. No sabemos que conversaciones tuvieron esa noche con Jesús, pero vemos claramente que el resultado de las mismas fue una claridad total sobre quién era Jesús. Andrés lleva a Simón a donde esta Jesús, y este, después de observarlo bien, hace una declaración profética sobre la vida de Simón: Jesús utiliza un juego de palabras y significados con los nombres, diciéndole: ‘Tu eres Simón, eres el que ha sido escuchado, el hijo de Jonás, a quien Jehová ha favorecido.’ Jesús comienza declarando la identidad actual de Simón, pero continúa con algo más allá: ¡Jesús no solo quiere confirmar la identidad de Simón, él quiere darle un propósito, un futuro! Él va más allá y le cambia el nombre, declarando que de ahora en adelante su identidad y su propósito serían ser una roca. Para Pedro debió haber sido raro el cambio, pero no vemos que lo rechace. Se tomará un tiempo para que entendamos por qué Jesús le cambia el nombre y qué es lo que significa que sea una roca. Hacia el final de su ministerio, casi tres años después de este suceso, es que Jesús usa de nuevo una declaración similar con Pedro, después de que este declare, que Jesús es el Cristo (el ungido) y el Hijo de Dios: Jesús declara entonces que sobre esa afirmación de Pedro, él, Jesús, construiría su iglesia (su eclesia). Durante todo este tiempo Pedro debió haber estado preguntándose por qué Jesús le había puesto ese nuevo nombre, pero también estaría a la expectativa de que su propósito, ahora expresado en ese nuevo nombre, se cumpliera pronto.


Al día siguiente, Jesús decidió salir hacia Galilea. (Se) encontró con (a) Felipe, y lo llamó (le dijo):

—Sígueme (Acompáñame; estar en el mismo camino con).

Al día siguiente Jesús comienza a reclutar a otros discípulos más. Al primero que encuentra es a Felipe y sencillamente le ordena seguirle. En este relato no vemos cual es la reacción inicial de Felipe, pero vemos que si le sigue, por lo visto sin ninguna discusión.

Felipe era del pueblo de Betsaida (Casa de Pesca), lo mismo que Andrés y Pedro. Felipe buscó (encontró) a Natanael y le dijo:

—Hemos encontrado a Jesús de Nazaret, el hijo de José, aquel de quien escribió Moisés en la ley, y de quien escribieron los profetas. (Lit. Hemos encontrado a aquel de quien escribió Moisés en la ley, y de quien escribieron los profetas; a Jesús de Nazaret, el hijo de José.)

—¡De Nazaret! —replicó Natanael—. ¿Acaso de allí puede salir algo bueno? (Y Natanael le respondió: ¿Puede algo bueno existir/ser generado de Nazaret?)

—Ven a ver —le contestó Felipe. (Felipe le contestó: Ven y mira).

El autor nos presenta a Felipe y lo coloca viviendo en el mismo pueblo del que eran Andrés y Pedro, y cuyo nombre expresa el oficio al que todos ellos se dedicaban: la pesca. Felipe va y busca a Natanael y le dice que encontraron a la persona de la cual había escrito Moisés en la ley (el Pentateuco) y de la cual los profetas también habían escrito, ósea al Mesías. Parece que Felipe sabía algo más de Jesús, pues menciona que es el hijo de José (el carpintero) y que viene de Nazaret. La mención de Nazaret causa sorpresa en Natanael, pues la esperanza de los judíos era que el Mesías vendría de alguna familia y pueblo famoso de la línea real, y Nazaret no era precisamente muy famoso por ello. Sin embargo, Felipe no se deja estorbar por el comentario y sencillamente invita a Natanael a que mire y lo compruebe por sí mismo.

(Cuando) Jesús vio que Natanael se le acercaba, (y) comentó (dijo sobre el):

—(He aquí (verdaderamente) un Israelita en quien no hay falsedad.) Aquí tienen a un verdadero israelita (descendiente de Israel), en quien no hay falsedad. (Esto es, que es integro).

—¿De dónde me conoces? —le preguntó Natanael.

(Jesús respondió y le dijo:)—Antes de que Felipe te llamara, cuando aún estabas bajo la higuera, ya te había visto (conocido).

(Natanael respondió y le dijo:) —Rabí, ¡tú eres el Hijo de Dios! ¡Tú eres el Rey (el soberano) de Israel! —declaró Natanael.

(Jesús le respondió y le dijo:) —¿Lo crees porque te dije que te vi cuando estabas debajo de la higuera? (Porque te dije que te vi (conocí) cuando estabas debajo de la higuera, ¿crees (tienes fe)?) ¡Vas a ver aun cosas más grandes (mayores) que éstas!

Cuando Jesús lo ve, antes de que Natanael llegara, él habla sobre Natanael a los que están a su alrededor, diciendo algo muy positivo sobre él: “Dense cuenta, este es un descendiente de Israel que es íntegro y no corrupto.” Jesús conocía a Natanael, conocía especialmente su actitud y su vida, aun en secreto. Natanael alcanza a escuchar lo dicho y se sorprende, pidiéndole a Jesús que le explique de donde le conoce. Jesús sencillamente le describe un momento en el que Natanael estaba sentado bajo una higuera. A primera vista esto no nos parece tan fuera de lo común… si, Jesús lo vio sentado bajo una higuera, pero eso no significa que por eso le conozca a profundidad. Pero parece que para Natanael el hecho de que Jesús mencionara la higuera junto con su integridad si tenía un gran significado. No sabemos que paso bajo esa higuera y qué relación tiene con la integridad de Natanael, pero por la respuesta que él da, podemos deducir que le impacto tanto, que termina haciendo la declaración de que Jesús es el Hijo de Dios y el Rey de Israel. Aunque para Natanael esto es de gran importancia, para Jesús es apenas una bicoca, por lo cual se sorprende de la fe que Natanael muestra y le asegura que lo que vio, apenas es una pequeña parte de todo lo que verá a lo largo del ministerio con Jesús.

Y añadió (Y le dijo a él…):

—Ciertamente les aseguro que ustedes verán abrirse el cielo, y a los ángeles [mensajeros] de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre [humanidad].

Jesús se dirige después a todos mientras sigue mirando a Natanael, y les asegura que no solo iban a ver milagros mayores suceder, sino que además verían a los ángeles bajando y subiendo de la tierra al cielo mientras servían a Jesús.

Hasta este momento Juan el autor había hablado de Jesús como el Hijo de Dios, dejando claro que Jesús es completamente Dios, pero acá introduce el término ‘Hijo del hombre’, dando a entender que Jesús no solo era completamente Dios, sino también completamente humano, un tema que veremos a fondo en otra ocasión.